Respirando oxígeno
Ruta Caminos de Sierra de Fuentes
por Javier Romo

Domingo día 2 del año que hace horas hemos estrenado. Ayer me proponía que, si me levantaba temprano, haría la ruta de la que hoy escribo sensaciones. Sí es cierto que para nada me levanté temprano, pero aun así me negaba que la maldita pandemia que sufrimos, me confinara un día en más entre las cuatro paredes de mi casa.
Con poco más de un café con tostadas, me enfundo en mi chándal y ni tan siquiera con una botella de agua, cierro la puerta detrás de mí para afrontar los 19,700 km. que lo estudiado ayer indicaba (han sido 20,250 km. reales). Afronto con normalidad y ganas los primeros cientos de metros urbanos, hasta abandonar mi hermoso Cáceres.
Quizás las fechas que nos ocupan no sean las adecuadas para salir a andar, pues si de veredas y caminos hablamos, con la lluvia caída más la humedad del invierno, algunos puntos aparecían embarrados y encharcados en su primer tercio del recorrido (si dividimos la ruta en tres). Pero todo sin ningún tipo de problemas para poder afrontar el reto que me puse.
La segunda parte, mejor de caminar pues se trataba de un camino hormigonado (hasta con tráfico de algún coche que otro), peor en su desarrollo pues se trataba de la pendiente más dura del recorrido que me llevaría a Los Llanos de Cáceres y Sierra de Fuentes, dejando atrás antes una quesería digna de ser visitada.
Una vez arriba, giro a la derecha para atacar el tramo que me devolvería a Cáceres, dejando a la izquierda Los Hornos Centro de Recuperación de Fauna y Educación Ambiental. Al fondo a la derecha divisaba El Portanchito, pico subido hace una semana en compañía de mi amigo David, y poco más allá el Santuario de Nuestra Señora la Virgen de la Montaña.

Bordeaba la Cantera para coger un repecho que costaba pues las piernas no respondían como en un principio, y la sonrisa se me dibujaba en el rostro al ver los edificios de la bella ciudad extremeña cada vez más cerca.
Como conclusión, preciosa ruta, tanto por su recorrido como por su paraje. Y en constante contacto con personas que iban y venían ya fuera andando ya fuera en bicicleta.
Reflexión: Es curioso que a diario nos cruzamos cientos de personas a las que ni miramos, ni saludamos. Y en rutas como ésta, la simpatía brilla dedicando un “buenos días” o algún chascarrillo de los míos a las personas con las que te cruzas.
Toca descansar.


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